Ahora, en sociedad, para definir mi identidad tengo que comprar. Yo soy
porque compro y en la medida que compro. Con un poco de holgura
económica hay que hacer un gran esfuerzo por no comprar lo que se te
ocurre o te ofrecen para, en concreto, ninguna misión en particular, eso
sí, bajo la promesa de que te hará más completo y feliz.